
Hay una frase hermosísima que se le atribuye a Marcel Proust que refleja aun mejor el título de este post. Dice así: el viaje más hermoso no es aquel en el que se visitan nuevos lugares, sino aquel que visitas los mismos para mirarlos con otros ojos. La impronta del observador es determinante en la identificación de los problemas y de las soluciones que de alli surgen.
Hace algunos días leía una entrevista a Gary Hamel, autor del libro “The Future of Management”, en la cual el experto mundial en estrategias de innovación señalaba que el gran desafío que tenemos para innovar sistemáticamente es “deshacernos de todo aquello que aprendimos en las facultades de Economía y preguntarnos como organizamos los diferentes tipos de profesionales que trabajan en las empresas y cómo generamos nuevos recursos de maneras diferentes”. Se requiere, añadía, “reinventar urgentemente la gestión empresarial” para hacer frente a la innovación. Las herramientas, metodologías y pensamientos asociados a la forma de entender y resolver los problemas del mundo industrial son cada vez menos aplicables al mundo actual y menos al del futuro.

Tal como expresa el cuadro, los rasgos del management no son compatibles con los requeridos por la innovación. Esta demanda una nueva forma de pensar y abordar los problemas en la cual el management tiene claros problemas dadas su propia estructura. La mentalidad derivada del sistema de management actual nos lleva mas bien a querer mandar, controlar y supervisar por sobre de potenciar, facilitar y orientar. La innovación exige generar la capacidad para darle una nueva mirada a los problemas y desde allí proveernos de las ideas novedosas que luego la alimenten.
El Desing Thinking (pensamiento de diseño) es una metodología que precisamente procura dar una mirada diferente a la realidad. El método busca re-enmarcar el abordaje de los problemas para liberar al tomador de decisiones de algunos supuestos convencionales que limitan su imaginación y, en última instancia, su creatividad para encontrar soluciones. El pensamiento de diseño se basa en la razonamiento abductivo que pretende imaginar un mundo posible sin las restricciones del pensamiento lógico. La multinacional del consumo masivo, Procter & Gamble, tomó la iniciativa de introducir el pensamiento de diseño entre sus colaboradores como una manera de reformar la cultura de aprendizaje, innovación y toma de decisiones en todas las áreas de la empresa y así ganar más eficiencia adaptativa. Su CEO, Alan Lafley explica así la diferencia entre el pensamiento de diseño y el método tradicionalde abordar los problemas: "las escuelas de negocios tienden a centrarse en el pensamiento inductivo (basado en hechos observables directamente) y el pensamiento deductivo (análisis y lógica, normalmente basadas en evidencia pasada), mientras que el pensamiento de diseño hace hincapié en el pensamiento abductivo, imaginando lo que podría ser posible. Este nuevo enfoque de pensamiento nos ayuda a desafiar las limitaciones asumidas y a generar nuevas ideas”.
En otras palabras, el pensamiento de diseño viene a cambiar la forma en que se abordan los problemas en las organizaciones. Una de las bases de esta metodología es que las buenas ideas surgen de un proceso creativo participativo en el que se implica a diferentes personas de la empresa, clientes, proveedores, etc. Es decir, los diferentes actores concernidos con un problema determinado participan en la búsqueda de su solución. Esto hace que el proceso de innovación sea un proceso sistemático y no una acción puntual fruto de una genialidad. El pensamiento de diseño actúa a través de un arduo proceso creativo de descubrimiento centrado en las personas y seguido por ciclos iterativos de creación de prototipos, pruebas y perfeccionamiento. Este proceso no obedece a una dinámica lineal y ordenada en la cual se siguen unos pasos previamente determinados, sino que es un sistema de espacios en los que se desarrollan una serie de actividades relacionadas. Tim Brown señala que el proceso de diseño se distribuye en tres espacios iterativos: El primero es donde ocurre la Inspiración por las circunstancias (problema u oportunidad) que motivan la búsqueda de soluciones. Qué pasa con el negocio, qué ocurre en el entorno, cómo afrontamos la competencia, de qué forma nos organizamos mejor, cómo vendemos, qué nos exige la crisis, son algunas de las posibles interrogantes que inspiran este espacio. El segundo espacio es el de la Ideación, en cuyo proceso se generan, desarrollan y prueban ideas que pueden conducir a las soluciones posibles. Por último, está el espacio de la Implementación, en el cual se hace el trazado de la ruta hacia el mercado. Un proyecto pasa en forma iterativa por estos espacio volviendo en forma recurrente a ellos antes de salir al mercado y en todo el proceso deberían estar implicados los futuros usuarios.
El pensamiento de diseño no es sólo un método para crear objetos y servicios, sino que un proceso creativo de alta interacción, especialmente con lo usuarios. Este proceso iterativo y participativo es bastante más natural y cercano a nuestra biología humana que las rígidas estructura de comando y control heredades del industrialismo, pues hace que las personas actúen y se “apropien” de sus decisiones, fomentándoles la creatividad y la toma de decisiones. En otras palabras, desde mi perspectiva, el valor más destacable del pensamiento diseño es que ayuda a generar un contexto de trabajo más natural y próximo a las personas que el diseño empresarial típico basado en las estructuras maquinales y en el patrón de comando-control.







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Interesante....
Muy buen artículo, Marcelo. Estoy trabajando en una revisión sobre las ideas de Hamel y es lo mejor del momento en Español. Será una cita obligada.
Un saludo