ES INDISCUTIBLE que para la gran mayoría que quienes gustamos de la belleza en el fútbol, la manera de jugar del crack brasileño del Barcelona expresa cabalmente esa cualidad estética. La percepción sensorial de su juego es gozosa, evocadora de placer. Sin embargo, me atrevo a aventurar que no sólo es la percepción objetiva de la forma la que produce belleza, en el caso de Ron y, sino su personalidad dentro del campo de juego. La manera de pararse en la cancha, la diversidad de los gestos de su cuerpo, el modo de mover la pelota, la relación que establece con sus compañeros, la idea de jugar para el equipo, de improvisar las jugadas, de intentar y convertir goles, y la forma de celebrarlos, son manifestaciones de una belleza bien concebida. Las organizaciones del siglo XXI, inmersas en contextos de alta complejidad y en dinámicas de cambio permanente, requieren de directivos que ejerzan un liderazgo que bien podría encontrar en las características de Ronaldinho Gaúcho una buena metáfora para cultivar un nuevo estilo de conducir las organizaciones. La fuerza vital de la organización del siglo XXI es su flexibilidad, su potencial creativo y su capacidad de aprendizaje, que residen en el conjunto de las personas que trabajan en ella. Movilizar a estos colaboradores hacia un proceso de innovación continua será la clave del éxito de las organizaciones del futuro. Para conseguirlo, siguiendo la metáfora de Ronaldinho, los directivos, a mi juicio, deben desarrollar y fortalecer las siguientes competencias y habilidades: Pararse bien en la cancha. El directivo debe desarrollar una visión sistémica de la organización. Mirar el conjunto y no sólo las partes. Esta visión debe encarnar un significado. Tener visión de futuro es crucial para el éxito de cualquier organización, puesto que todos los seres humanos necesitan sentir que sus acciones tienen sentido y están orientadas a objetivos específicos. La diversidad de los gestos. Debe valorar y facilitar la creatividad, en especial mediante la diversidad y las actividades marginales: experimentos y excentricidades. Este nuevo liderazgo debe facilitar la emergencia de la novedad, lo que significa crear condiciones más que imponer direcciones. El liderazgo debe facilitar lo que Cornella describe como hibridación: la capacidad de conectar ideas que provienen de ámbitos diversos para llevarlas a nuevas aplicaciones. Improvisación. El nuevo liderazgo promueve la flexibilidad. Es decir, la capacidad de abandonar las rutinas adquiridas e incorporar o desarrollar otras nuevas. Como diría Punset atreverse a perder masa para adaptarse a los cambios del entorno. En este sentido, la organización debe estar abierta a nuevos conocimientos e ideas y quien ejerce el liderazgo a promover -aunque parezca contradictorio- rutinas creativas. La forma de mover la pelota, el pase conecta las partes con el todo. Es imprescindible que el nuevo estilo de liderazgo facilite la comunicación. Esto significa en especial crear y mantener redes de comunicaciones que permitan que la gente y la organización se conecten y conozcan mejor. La comunicación formal e informal es la base de los procesos creativos. La relación con los compañeros. Crear entornos de trabajo mental y emocionalmente saludables, en los que las personas sientan que están apoyadas en la consecución de sus propios objetivos, en lugar de tener que sacrificar su integridad personal para adaptarse a los de la organización. El liderazgo debe crear un clima de confianza y apoyo mutuo. Jugar para y con el equipo. El nuevo liderazgo debe usar el poder para conferir poder a otros más que para dominar. Todos los componentes del equipo asumen sus responsabilidades. Todos pueden y deben hacer goles. Quien ejerce el liderazgo, más que dar respuestas, debe hacer preguntas que propicien que los colaboradores asuman responsabilidades. El liderazgo debe alinear las acciones de los colaboradores con los objetivos de la organización de forma de crear valor. Intentar hacer goles, convertirlos y celebrarlos. El liderazgo debe posibilitar la fecundación de ideas, pero por sobre todo, debe crear las condiciones para su puesta en marcha. Establecer desafíos, conseguirlos y celebrarlos, creando espacios de libertad que fomenten la creatividad y el intercambio a través del aprendizaje y del error. Debe llevarse a los espacios de trabajo la magia trasgresora de Dionisio. El reto es gestionar la nueva organización del siglo XXI. Para ello se requiere un nuevo perfil de liderazgo basado en estas competencias. Ellas deben, además, ser poseedoras de una belleza como la que expresan los atributos de Ronaldinho: una mágica que vive sutilmente en la intuición y la creatividad. Las organizaciones del futuro, privadas o públicas, son las que crean conocimiento. En él están las posibilidades de riqueza y productividad. La creación de conocimiento es necesaria para reducir el estrés organizacional, para innovar, crear valor, aprovechar las oportunidades y mejorar las relaciones con los clientes-ciudadanos. Conseguirlo dependerá en medida importante de las personas que se pongan al frente de las organizaciones. |








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Què grande
es este hombre...me matan hasta sus dientes salidos y chuecos,todo èl es un baile......que buen post lasagna...què rico verte por estos lares.
Un abrazo
C.