EDUCAR para la INNOVACION

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La solución no trivial para seguir vivo, cuando la incertidumbre aprieta, combina dos estrategias: la de mejorar la anticipación y la de mejorar la acción”. Con esta reflexión Jorge Wagensberg, director de CosmoCaixa de Barcelona, se refiere a cómo los seres vivos utilizamos la innovación para adaptarnos a los cambios que tienen lugar en el entorno. El entorno que enfrentan hoy las empresas, regiones y países, dado su alto dinamismo, genera grandes dosis de complejidad e incertidumbre, que sólo pueden navegarse –mitigando el riesgo de zozobra- a través de la anticipación y la adaptación a los cambios. Ya está bien demostrado, aunque poco practicado, que el verdadero camino para lograr la competitividad es impulsar a los individuos, a las instituciones y a las empresas a aprender y a innovar.

Ante estos requerimientos la innovación ha dejado de entenderse desde una perspectiva exclusivamente técnica (o tecnológica) y que encapsulaba la impronta innovadora de las empresas en sus departamentos de investigación y desarrollo. Hoy por hoy el reto de innovar para crear valor es haciendo las cosas de forma diferente e, incluso, haciendo cosas radicalmente nuevas. La innovación es un cocktail complejo cuya receta tiene componentes diversos, donde la tecnología tiene un lugar cada vez menos relevante. Otros factores impulsores que tienen un peso creciente son el capital humano y la cultura innovadora.

Para hacer crecer estos factores es imprescindible hacer hincapié en la educación en todas sus etapas. El desarrollo de una educación que potencie las competencias y el talento en las personas para incorporarse al mercado, así como incentive una actitud emprendedora, es crucial para enfrentar los desafíos futuros. Es muy importante desarrollar un sistema educativo que estimule la competencia y la investigación desde edades tempranas, así como incorpore la innovación como disciplina dentro de los ciclos formativos, para hacer de la innovación un hecho cotidiano, no un conjunto de acciones puntuales, como suele ocurrir con cierta frecuencia.

Un país que no educa a sus ciudadanos en la innovación difícilmente podrá ser un país competitivo. Finlandia, Alemania y Austria han incorporado en los procesos curriculares de la totalidad de los ciclos formativos asignaturas específicas de innovación. La innovación es un trabajo no sólo de los gobiernos, ni sólo de la empresa... es de la sociedad. Y, si la sociedad es la clave para la adaptación a los cambios, debe ser informada y formada en la innovación. El éxito o el fracaso de una organización en particular o de la sociedad en general depende, en última instancia, de la posibilidad de facilitar el desarrollo del potencial de las personas. Disponer de personal cualificado y asignarlo de forma correcta es uno de los factores importantes que influyen en el nivel de innovación. En la actualidad, el conocimiento es el motor de la sociedad y la economía, sobre todo, porque los cambios son vertiginosos en muchos sectores tanto sociales como económicos.


Un reto clave de la nueva economía es el de fomentar el espíritu empresarial. Se trata de una revolución cultural donde se plantea fundamentalmente un cambio de actitud ante los riesgos, las recompensas y los fracasos. Innovar exige una disposición de espíritu en la que se asocian creatividad, voluntad de emprender y aceptación del riesgo.

Los gobiernos, por otro lado, tienen un papel clave en la puesta en marcha de políticas educativas que procuran el apoyo a las universidades y centros de investigación y facilitan la conexión con la industria, de manera que se genera una amplia red de conocimiento, necesaria para la correcta transmisión y difusión de éste.

Un buen ejemplo de alineamiento del sistema educativo con la estrategia nacional de innovación es Singapur. Ese país asiático viene desarrollando una políticas educativas que procuran precisamente mejorar su capital humano, por una parte, haciendo que éste satisfaga las necesidades del mercado, y, por otro, fomentando desde edades muy tempranas una cultura emprendedora. La mayoría de los sistemas educativos heredados del industrialismo se basan en unos supuestos muy alejados de las necesidades de la innovación. Hay un claro alejamiento entre los requerimientos del mercado y el establecimiento de los programas de enseñanza. El fomento de la creatividad, del espíritu crítico y emprendedor no forman parte de los objetivos de la enseñanza, por el contrario, el sistema más bien los inhibe.

En Singapur, lo tomo sólo como referencia, desde hace décadas se ha intentado mitigar estas viejas prácticas, desarrollando políticas educativas para la innovación. Para conseguirlo, una de las iniciativas llevadas a cabo consiste en que los profesores de los centros educativos puedan realizar prácticas en empresas, de forma que se facilita la adquisición continua de nuevas tendencias que después pueden ser aplicadas en las aulas. Los centros educativos y las universidades gozan de autonomía en su gestión y en su financiación, y se han promocionado los éxitos de iniciativas innovadoras dentro del entorno educativo, premiando y reconociendo las mejores ideas de proyectos. Se ha facilitado el uso de las nuevas tecnologías y comunicaciones de manera que los estudiantes se familiaricen con ellas desde muy pequeños. Además, se considera importante que, desde las primeras etapas, los niños compitan de una manera sana, de forma que se incentive con ello las ganas de investigar para mejorar a los demás en un ambiente de colaboración. Este tipo de sistema, que ha servido para el crecimiento del país en los índices de competitividad y productividad, ha sido reconocido por las Naciones Unidas como "ejemplo de crecimiento económico que se puede lograr con la promoción del conocimiento mediante la educación".

Otra de las innovaciones del sistema educativo de Singapur en que los alumnos de educación primaria y secundaria vayan a clases con un computador portátil y reciban las clases a través de un sistema 3D. Ello requiere, por supuesto, de una infraestructura de telecomunicaciones que lo haga posible. En ese país el 88% de la población tiene acceso a Internet. El gobierno invierte un 4% del PIB en Educación, lo que denota la prioridad que se le asigna. Se están desarrollando también políticas para la formación de los profesores, de manera que estos también se impregnen del espíritu emprendedor, dado que no formar a los profesores en esta nueva cultura para la innovación, dejaría esta política en una situación de excesiva debilidad.

La innovación no consiste sólo en llevar adelante una serie de proyectos novedosos de forma aislada, sino que también debería ser un proceso de negocio, directamente ligado a la estrategia de la empresa y a su competitividad futura, donde tecnología, la cultura emprendedora y el capital humano son las piezas clave en la que se sustenta.

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