BIZInnovando: bicicletear como práctica de Innovación

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Un amigo inglés me decía hace algunos años: “para nosotros los lugares donde más rápidamente florece la creatividad comienzan con B; bus, bath (baño) y bed (cama)”. Interesante la perspectiva de los ingleses.  Sin duda todos ellos se prestan, como ningún otro, para la creatividad. Incluso diría para la innovación. Lo uno y lo otro no son lo mismo. Ser creativo tiene que ver con la capacidad de generar ideas nuevas o viejas recicladas. Ser innovador está vinculado al valor que otro/a le atribuye a esas ideas luego que son implementadas o aplicadas en algún lugar. Pero donde hay creatividad puede haber innovación. Este año he descubierto un cuarto lugar propicio para la creatividad y la innovación, que también comienza por b (tanto en inglés como en castellano): la bicicleta. Mi amigo inglés, cuando se lo comenté, me espetó: “yo también uso la bicicleta, y no hay nada que allí me ocurra que me haga ser más innovador y creativo”. Ah!!, le dije yo, eso quiere decir que quizás no has sabido ver  lo que este espacio te ofrece para innovar. Y, armándome de paciencia,  le expuse porque creía yo que el uso cotidiano de la bicicleta es un cultivo de aquellas mismas competencias que nos sirven luego para ejercitar la innovación.  Esto es lo que le conté al inglés.

Soy usuario intensivo de la bicicleta. Cada día, con independencia de donde vaya, me monto en ella.  Y puedo aseverar, ya que trabajo como consultor en innovación, que el pedaleo está muy asociado a las capacidades que se requieren para innovar en las organizaciones.

He aquí un listado, nunca cerrado, -fuera las ortodoxias!!- de las que considero las más relevantes:

  1. Cuando subo a la bici nunca utilizó el mismo camino, busco las vías que mejor me parecen,  según criterios que varían en función del destino y del estado de la situación. Ello me obliga a desarrollar la capacidad de observar el entorno y los usuarios (de las vías). Qué está ocurriendo en las calles y cómo se comportan los viandantes y los motoristas…y los otros amigos ciclistas….
  2. Esa exploración sistemática de las diversas alternativas de rutas a seguir, me lleva a analizar y discriminar en función de criterios de eficiencia, coste/beneficio, satisfacción de usuario, belleza, etc, lo que hace que mis decisiones siempre estén orientadas a resultados. No escojo un camino sólo porque sí, sino por el resultado que obtendré de su utilización. Sin que ello comporte sólo rendimientos utilitaristas. A veces me voy por los caminos más largos y difíciles en busca de la evasiva belleza.
  3. El entorno es dinámico y cambiante. Nunca las cales están igual. Ni los días son los mismos. Hay días y momentos de mucho tráfico, el clima varía, la presencia de las personas sube/baja, la ergonomía de las vías, uff!!: mas hoyos, menos hoyos!! etc. Ello me supone estar abierto a incorporar tecnologías que me ayuden a navegar exitosamente la incertidumbre: unas gafas si hay mucho sol, un chubasquero si llueve, luces si se hace de noche, una bufanda para capear el frío, unas buenas cadenas si hay que dejar la bici mucho rato a la intemperie, un GPS por si me pierdo, etc.
  4. Cuando eliges una ruta sigues adelante, sin perjuicio de lo que venga, de las sorpresas que te deparé el camino. Ningún camino es siempre el mismo. La aceptación del cambio es una buena capacidad para el ciclista urbano, como lo es para el innovador. Lo importante es tener siempre presente la visión del destino, donde queremos llegar.
  5. A veces esas sorpresas se convierten en “tótems” de cada día, lo que te lleva buscar caminos alternativos, incluso trasgrediendo normas y convenciones…aflora el cuestionamiento de las ortodoxias, como hace un innovador cuando se plantea el reto de cambiar lo que la gente cree como inamovible en una organización: esto siempre se ha hecho así, suelen decir los detractores. Hay que saltarse las reglas o las convenciones sociales para poder llegar al destino deseado.
  6. Ese estar en la búsqueda constante de nuevos implementos, accesorios, mapas, vías, oportunidades, es una vocación del buen ciclista urbano, que podemos denominar: la capacidad para capturar tendencias. Esa disposición a la novedad es abrir la ventana al frescor. No estarlo es dejarse tragar por la ciudad. Lo mismo el innovador. No tener las fronteras permeables significa dejarse llevar por la inercia de la organización.
  7. Siempre hay que reaccionar rápido. Un ciclista desatento es un ciclista en el suelo. No hay tiempo para sólo tener buenas ideas, hay que concretarlas, llevarlas a la práctica, sino el ciclista urbano es devorado por la ciudad. Desarrolla la capacidad de convertir ideas en oportunidades. Los mismo un innovador. Acopiar ideas, aunque sean excelentes ideas, no garantiza innovar. Llevarlas a cabo, implementarlas, convertirlas en realidades, si.
  8. El ciclista urbano –o al menos yo- es como un lobo: solitario y gregario. En el devenir caótico del tránsito busca apoyos, aliados para conseguir su propósito. La aventura de moverse es una pulsión solitaria y colectiva. El innovador busca identificar aliados y consumar redes con otros para llevar adelante las innovaciones. El innovador no es un “giro sin tornillos” aislado, es un trabajador del networking, contectando personas y conocimientos.
  9. Los desafíos que la urbe pone: obras, manifestaciones, accidentes, nuevas calles, y un largo etc,  hace que el ciclista se replantee sus propios diseños de rutas. El cambio está a “pie de pedal” y “golpe de manillar”. El ciclista repiensa constantemente los procesos (rutas) que previamente se planteó. El innovador constantemente debe ajustar su camino de transformación, dejando ir ideas y creencias,  y dando la bienvenida a otras nuevas.
  10. El ciclista citadino sabe que no soluciona los problemas de movilidad con puros análisis de coste y beneficio, ni con el pensamiento lógico, por lo que entiende que debe recurrir al pensamiento lateral, saliéndose de la caja para encontrar soluciones efectivas y rápidas. Darle, como ha de hacer el innovador, una mirada inversa y metafórica a los problemas para encontrar soluciones creativas.
  11. Y, por último, como epítome, el pedaleo es una actividad que desata la creatividad constante. El entorno que fluye parsimoniosamente va entregando constante información al “pedaleante”, en cuyo hacer tiene el tiempo suficiente/necesario para procesarla e ir conectando ideas y haciendo emerger otras. Este mismo estado se encuentra el innovador para generar nuevas ideas: observar la divergencia y catalizar la convergencia de nuevas ideas.

 

Moverse en bicicleta por la ciudad genera una dimensión, que a quien la conduce, le re-crea un entorno que le hace brotar aquellas capacidades tan requeridas y necesarias para ejercitar la innovación. La bicicleta no solo, por tanto, nos mantiene sanos, con piernas de acero, con buena capacidad aeróbica, de-estresados, sino que es una práctica para cultivar aquellas competencias que nos ayudan en el arte de innovar. A bicinnovar, por tanto!!!!!.

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Comentarios

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